La tecnología desarrolla mejoras en servicios, transportes, eficiencia energética y sostenibilidad
VÍCTOR VARGAS LLAMAS
BARCELONA
 

El día menos pensado, también podría pasar en su ciudad. Que al salir de casa, las farolas convirtieran su monótono desfile rumbo al trabajo en una luminosa pasarela de bienvenida a la rutina. Bastaría la presión ejercida por su pisada en unas baldosas estratégicamente colocadas para aumentar la intensidad de los focos a su paso. Y cuando usted desapareciera, los haces de luz reducirían su potencia hasta un 30% a la espera de que un nuevo protagonista irrumpiera en escena. Puede que el único elemento que alterase la armonía de un horizonte en pleno amanecer fuera una intensa luz roja en la cúpula de una farola, señal inequívoca que permitiera a la policía ubicar más fácilmente a un motorista accidentado, por ejemplo, tras recibir un aviso con geolocalización.

Una vez sobrepuesto del susto, usted podría detenerse en una marquesina de autobús dotada con tecnología NFC, donde bastaría con aproximar su móvil para seleccionar la ruta más rápida y adquirir el billete. Esta smartquesina, que se alimentaría de energía solar, proyectaría en sus pantallas led anuncios personalizados: una cámara incorporada a la pantalla, captaría los rasgos de su rostro y le presentaría propuestas comerciales adaptadas a su perfil, según le identificara como hombre, mujer, adulto o adolescente. Como alternativa más productiva durante la espera, podría aproximarse a un panel publicitario y hacer parte de la compra semanal. Un lector de códigos QR serviría para llenar la despensa.
Ayudas para invidentes

Podría pasar que al subir al bus una extraña voz rompiera el clima de somnolencia generalizada del pasaje. Esas palabras bien podrían proceder de una aplicación del móvil de un invidente, que recibiera el aviso de que debía bajar en la próxima parada. Al descender, su teléfono vibraría para advertirle de que el semáforo está en rojo para los peatones, mientras una ambulancia podría dirigirse al lugar del motociclista siniestrado, con el sistema municipal de control de tráfico priorizando su paso y velando por un trayecto de luces en verde.

 


Imagen del armario IO en la feria "Smart City Expo de Barcelona"
Usted tampoco debería descartar que al llegar al trabajo comprobara que operarios de la obra de al lado estuvieran regando su superficie después de que el ayuntamiento les alertara de que habían excedido el nivel tolerado de polvo y otras emisiones perjudiciales. Sería entonces cuando usted entendería la utilidad del sensor inteligente que el ayuntamiento colocó días atrás a la entrada del solar.


Al acabar su jornada laboral, usted tendría la posibilidad de aprovechar el trayecto a casa para reservar una plaza de aparcamiento en una calle próxima al colegio de su hijo. Antes de subir a su automóvil eléctrico bastaría con sincronizarlo con el móvil para saber si dispondría de la autonomía suficiente para recoger a su hijo y regresar. Para darle la respuesta, la aplicación ya sabría el estado del tráfico en la zona y, por supuesto, conocería perfectamente cómo es su estilo de conducción habitual. Usted podría rematar la jornada invitando a la familia a cenar pizza en casa. Tendría la posibilidad de pagar al repartidor con su tarjeta de crédito sin más esfuerzo que el de acercarla a su terminal de pago, gentileza de la tecnología contactless.
Probablemente, ninguno de estos avances está ahora disponible en su vecindario, pero ya puede experimentarlos en una ciudad. Está en la Fira de Barcelona, que clausura hoy la segunda edición de la Smart City Expo. En sus 1.200 metros cuadrados, se reproducen avances tecnológicos que tarde o temprano ofrecerán ciudades de todo el mundo. El día menos pensado, al despertarse, también los encontrará en la suya.

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